Precursores de la Medicina Latinoamericana (Parte V. CARLOS FINLAY)

Alejandro Alfredo Aguirre Flores.

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Precursores de la Medicina Latinoamericana

Parte V.

El Dr. Carlos J. Finlay  y el origen de la fiebre amarilla

     La quinta entrega de este especial dedicado a los galenos precursores de la medicina latinoamérica concierne a Carlos Finlay, quien revolucionó la medicina cubana. Siete veces nominado al Nobel, injustamente sin ser favorecido, se consagra como un importante referente de la medicina centro americana, tras unos 20 años de ser ignorada su hipótesis, en la actualidad Finlay y su descubrimiento marca un antes y un después en las enfermedades transmisibles a través de intermediarios patógenos (mosquitos). El Dr. Plutarco Naranjo, ilustre médico ecuatoriano recoge en sus publicaciones a Carlos Juan Finlay como un médico eficiente y entregado a la búsqueda de soluciones a las diversas enfermedades que aquejaban a los cubanos del siglo XIX, entendiéndolo como un precursor de la ciencia galena, este artículo le rinde homenaje. Bienvenidos.

En la provincia más oriental de la bella Cuba, la pequeña ciudad de Camagüey se consagra como la cuna de Carlos Juan Finlay y Barrés, un 3 de diciembre de 1833, fecha que, en su honor, se ha instaurado como el Día de la Medicina Latinoamericana, curiosamente y con justicia, la principal vía que atraviesa la ciudad de Camagüey lleva también su nombre. Su padre de origen escocés según (Naranjo, 1978) puede contradecirse con otros autores que afirman que era inglés y médico de oficio que había luchado junto con el libertador Simón Bolívar junto con su madre francesa y española a la vez, habían migrado desde Europa hasta Cuba, donde Finlay en la ciudad de La Habana transcurriera su infancia. Su segunda enseñanza, es decir, su adolescencia y juventud la realizó en Francia, inspirado en su padre y tío (quienes acompañaran a Bolívar en sus cruzadas libertarias), decide estudiar medicina en la Jefferson Medical College de Filadelfia en Estados Unidos, graduándose con honores en 1855, en medicina general y además oftalmología, su título a su vez fue convalidado en la Universidad de La Habana años más tarde.

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Se dice de Finlay, era un joven muy inquieto y aventurero, tentando suerte en diversas ciudades de Cuba e incluso viajando a Lima, sin embargo, en 1860 en la ciudad de París, decidió perfeccionar varios de sus conocimientos en distintos centros médicos. En 1865, de regreso en Cuba contrae matrimonio con Adela Shine, hecho que hace residir definitivamente en Cuba al aún joven médico.

Sobre sus diversas investigaciones se puede iniciar mencionando que en 1857 comienza sus estudios experimentales entorno a la fiebre amarilla, dicha endemia que desde 1762 parecía fustigar a toda Cuba era conocida también como vomito negro y atrajo de modo especial la atención de Finlay. El momento histórico era crucial, importantes hombres de ciencia como Luis Pasteur o Koch estaban y mantenían a la vanguardia los estudios y descubrimientos bacteriológicos que fueron determinantes para el entendimiento acerca del mecanismo de contagio de la enfermedad ya que no se había hallado bacteria alguna, en la actualidad se ha demostrado que el origen de la fiebre amarilla es de carácter virulento y sus orígenes de remontan desde África Occidental y fue transmitida en América entre los siglos XVI a XX, posiblemente a través de los marineros o esclavos que viajaban en las mercancías hacia el nuevo continente.

Sobre la obra de Pasteur podría interesarte el siguiente artículo: Luis Pasteur, un golpe de gracia contra la “generación espontánea”.

Los primeros pasos en torno a la investigación de la causa de la fiebre amarilla se dan cuando Finlay ingresa como miembro de la Academia de Ciencias de La Habana en 1872, donde se perfila como un muy agudo observador e investigador de carácter sistemático, publicando un articulo donde relaciona la alcalinidad del aire de Cuba en el cual postula a dicha alcalinidad como causa de la enfermedad en cuestión, sin embargo, siete años más tarde, una importante Comisión Científica Norteamericana llega a la isla a investigar la enfermedad, donde como era de esperarse, Finlay formo parte de la comisión llegando a descartar su postulado y llevándolo a un análisis más profundo que dependía de diversos factores, Finlay terminan fijándose en los insectos lanzando la atrevida teoría de que el Culex, como se conocía entonces al mosquito Aedes aegypti, era el portador de vector infeccioso capaz de transmitir la enfermedad.

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Aedes aegypti

Su hipótesis de partida, sobre los factores climáticos, fue descartada no siendo así el fin de sus investigaciones. En 1885, aprovechando en intervención como delegado de la Conferencia Sanitaria Internacional en Washington, plateó la teoría de la existencia de un vector de propagación a manera de intermediario que era preciso descubrir para frenar el avance de la fiebre amarilla, en aquella intervención no mencionó al mosquito, sin embargo, Finlay ya había empezado ensayos experimentales acerca del tema, no obstante, su teoría fue ignorada ante la presencia de muy afamados y respetados sanitaristas presentes en dicha conferencia (Naranjo, 1978).

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Pese a pasar inadvertido, en agosto de ese mismo año presenta en la Academia de Ciencias de La Habana su trabajo más importante y a la vez recurriendo a la prudencia mediante un título muy reticente, Finlay publicó: “El mosquito, hipotéticamente considerado como agente de transmisión de la fiebre amarilla”. En su momento, esta publicación parecía no ser tan significativa; siguieron los años, Finlay por su parte seguía en la tarea de demostrar su hipótesis, improvisó un laboratorio, desarrolló un criadero de mosquitos e hizo que picaran a enfermos de fiebre amarilla, basándose en que la inoculación controlada podría causar inmunidad en los pacientes, realizo sus primeros ensayos clínicos en algunos sacerdotes Jesuitas que se aprestaron a ser picados por los insectos, Finlay descubrió que, el vector (mosquitos) era capaz de chupar la sangre del enfermo contaminado, incubar al microorganismo y luego incubarlo en un individuo sano, este descubrimiento fue revolucionario para toda la ciencia médica de la época.

Finlay siempre llevo a cabo todas sus experimentaciones con el más alto control por tratarse de un vector de contagio no confirmado, toda documentación, ensayos y observaciones eran también compartidas en altos centros científicos en Europa y Estados Unidos. Afortunadamente Finlay vivió lo suficiente para que sus afanes no queden olvidados, a los 65 años, en medio de la primera invasión norteamericana a Cuba, Finlay fue testigo del holocausto de las vidas de los soldados que perecían por causa de la fiebre amarilla; Estados Unidos vuelve a enviar una comisión que fue precedida por el Dr. Walter Reed, cuya finalidad era determinar de una vez por todas el origen del mal, Reed inició sus investigaciones siguiendo, de comienzo sus propias ideas y posteriormente fracasando en sus intentos; dicho fracaso hace que la comisión de por fin oído a la teoría de Finlay quien repitió su experimentación con la comisión entregándole a Reed los mosquitos infectados comprobando con plenitud la teoría del cubano.

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En la actualidad según (Organización Mundial de la Salud, 2018), la fiebre amarilla se define como una enfermedad vírica aguda hemorrágica, transmitida por mosquitos infectados. El término “amarilla” alude a la ictericia que presentan algunos pacientes. Por definición:

El virus de la fiebre amarilla es un arbovirus del género Flavivirus transmitido por mosquitos de los géneros Aedes y Haemogogus. Las diferentes especies de mosquitos viven en distintos hábitats. Algunos se crían cerca de las viviendas (domésticos), otros en el bosque (salvajes), y algunos en ambos hábitats (semidomésticos). (Organización Mundial de la Salud, 2018)

Con ello fue dispuesto el saneamiento de Cuba, países como Panamá lo imitaron principalmente por la incidencia del canal que conecta ambos océanos y cuyas embarcaciones eran puntos susceptibles para que sus tripulantes adquieran la enfermedad, el resto de los países tropicales del Mar Caribe replicaron el saneamiento con campañas que buscaban desesperadamente detener el avance de la endemia. Los honores para Finlay no se hicieron esperar, aunque tardíos sirvieron para reconocer la noble intención de salvar vidas y darle la satisfacción de haber contribuido con sus investigaciones al cumplimiento de ese fin.

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Exterminación de mosquitos en la zona del Canal de Panamá. (1914)

La OMS no tardó en sonar la alerta y recomendar a todos los países de riesgo dispongan al menos de un laboratorio nacional que se pueda encargar de los análisis básicos de sangre para detectar la fiebre amarilla, la detección rápida de la fiebre amarilla y la respuesta inmediata con campañas de vacunación de emergencia son esenciales para controlar los brotes. Los estudios del Dr. Carlos Juan Finlay permitieron también identificar que el virus es endémico de las zonas tropicales de África, América Central y América del Sur. La vacuna que se desarrollo posteriormente es eficaz, segura y asequible, se necesita de una sola dosis para que el paciente sea inmunizado y protegido de por vida sin necesidad de dosis de refuerzo.

Los estudios de Finlay sin embargo no solo se centraron en la fiebre amarilla, según el repositorio de la Universidad de La Habana, Finlay elaboro diversos trabajos de investigación como lo son:

  • Memoria sobre la Etiología de la Fiebre Amarilla.
  • Sobre el tratamiento quirúrgico del cáncer.
  • La extracción de cataratas.
  • Referencias a la lepra.
  • Investigaciones sobre el cólera.
  • Inoculación por el mosquito de la fiebre amarilla.
  • Estudio de la transmisión de la fiebre amarilla por un agente intermediario.
  • El cólera y su tratamiento.

Todas estas investigaciones significaron para Finlay la nominación de 7 ocasiones para el premio Nobel, injustamente en ninguna de ellas fue galardonado. Descubrió además que la enfermedad de tétanos en los recién nacidos se debía a la contaminación del hilo de sutura del cordón umbilical y gracias a tal descubrimiento se han salvado otras innumerables vidas de neonatos en todo el mundo. Finalmente, Finlay deja este mundo un 20 de agosto de 1915 llevándose consigo la satisfacción del deber cumplido.

Referencias

Naranjo, P. (1978). Precursores de la Medicina Latinoamericana. Academia de Medicina del Ecuador. Quito-Ecuador: Editorial Universitaria.

Organización Mundial de la Salud. (1 de mayo de 2018). Organización Mundial de la Salud. Obtenido de Fiebre Amarilla: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/yellow-fever

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